La AF en la agenda institucional

La Agricultura Familiar (AF) en el mundo tiene una  altísima relevancia: por su cantidad absoluta y relativa;  por su resiliencia en los territorios más marginales;  por su acervo cultural ancestral; por su capacidad de  producir en diversas condiciones ambientales, y por  su adaptación a la escasez de recursos económicos  y financieros. Sus formas de producir siempre entremezclan  conocimientos tecnológicos con los saberes  de sus familias y comunidades.  A su vez, no podemos dejar de mencionar que el  2014 ha sido designado como Año Internacional de  la Agricultura Familiar por la ONU y la FAO. Este reconocimiento  a nivel global repercute en la visibilización  de ese sector  como protagonista de la soberanía  alimentaria de los pueblos, como así también de su
diversidad de integrantes. Diversidad que va desde los  campesinos de los montes nativos hasta los pescadores  artesanales de mares y ríos que viven en comunidades
a lo largo de todo el planeta.  La denominación de “Agricultura Familiar” ha tenido
otras anteriores para los mismos protagonistas, como  “pequeños productores”, “minifundistas”, “productores  de pequeña escala”… siempre en un sentido de diferenciarla  de la “Agricultura Empresarial”. ¿Qué aspectos  y cualidades las diferencian? ¿Cuán heterogénea  es la Agricultura Familiar hacia su interior? Son preguntas  que nos instalan en una mirada particular que  necesariamente debe ser interdisciplinaria; lo cual nos  ofrece elementos para situar mejor las tecnologías a  desarrollar para que logren transformar la realidad en  un sentido positivo.  Así, la Argentina ha sido innovadora en materia de  políticas públicas para la Agricultura Familiar en un  marco de gestión público-privada donde las organizaciones  de agricultores toman un rol importante. Sus  principales demandas y necesidades tienen lugar en  la agenda pública, como puede verse en el Plan Estratégico  Agroalimentario y Agroindustrial Nacional. Esto  se ha trasladado a la agenda nacional de Investigación  y Desarrollo Tecnológico.  De esta forma, el INTA incorpora esta premisa al innovar  con dos hitos importantes dentro de su estructura
y planificación institucional. Por un lado, crea en  el año 2006 el Centro de Investigación y Desarrollo  Tecnológico para la Agricultura Familiar (CIPAF) con  cinco Institutos (NOA, NEA, Cuyo, Pampeana y Patagonia)  con el objetivo de generar, adaptar y validar
tecnologías para esa agricultura. Para ello, incorpora  profesionales de diversas disciplinas que interactúan  en el conjunto de capacidades institucionales.  Más últimamente, la cartera de proyectos regionales  toma el enfoque territorial (PReTs) desde donde
se captan las demandas de todos los sectores y se  articula con una gran diversidad de actores locales y  regionales para dar curso a investigaciones y actividades  de extensión en forma conjunta. Desde estos  proyectos, se toman los lineamientos generales de la  cartera nacional, donde se posiciona la Investigación  para la Agricultura Familiar en sus temáticas centrales:  Tecnologías Apropiadas, Fortalecimiento organizacional,
Soberanía alimentaria, Acceso al Agua y la Tierra,  Agroecología, Caracterización del sector y Estrategias  de Comercialización.  La metodología implementada desde el INTA para
este sector en particular se basa en los conceptos de  la Investigación Acción Participativa (IAP), en la cual  no sólo intervienen investigadores y productores, sino  también otros representantes de áreas técnicas y funcionarios  que son parte del entramado institucional que  promueve a la Agricultura Familiar en los territorios.  La modalidad de trabajo matricial implementada por  el INTA ha permitido incorporar las capacidades del CIPAF
a líneas de trabajo específicas; como así también,  sinergizar las alianzas estratégicas con las que cuenta  la institución. El caso particular del Foro de Universidades
Nacionales para la Agricultura Familiar es otro  espacio institucional logrado, que investiga y forma jóvenes  profesionales con las herramientas metodológicas
apropiadas para este sector. Como así también, las  diversas Mesas Interministeriales regionales y nacional,  donde se analizan estrategias de coordinación de  acciones del Estado local, provincial y nacional en pos  del desarrollo de la Agricultura Familiar. En el ámbito  internacional, se destaca la cooperación científica en el  LabINTEX (equipo de investigadores de INTA con sede  en Montpellier, Francia) y las plataformas del ROCISUR.
En definitiva, la oportunidad de contar con un Estado  presente con políticas activas para el sistema científico- tecnológico, enfocado a los sectores de mayor  vulnerabilidad, permite hacer aportes desde la investigación  para empoderarlos como actores sociales y
económicos. En el caso del INTA, aspira a mejorar  la calidad de vida de los agricultores familiares, sus  modos de producción y comercialización, darle agregado  de valor, minamizar las economías locales y regionales,  y favorecer el arraigo y la identidad de los
pueblos.

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